domingo, 29 de septiembre de 2013

miércoles, 25 de septiembre de 2013

verde condensado

Existen días en la memoria de mi infancia que los llevo guardados como un collage de fotos, no existe un cuento para contar, son sólo ruidos, gritos de alegría, silencios y paisajes sin nombre.

Un día fuimos al campo, todos fuimos,  los tíos, la abuela, mis primos, sus otros abuelos, sus otros primos. Como bien dice mi hermano, yo nunca hablaba. Hubo una edad donde reconozco haberme quedado callada, haberme vuelto una observadora, una niña pasiva,  ejemplo de eso que llaman latencia.

De ese día llevo escenas de alegría, fotos de nosotros corriendo, jóvenes y adultos armando cometas para lo niños. Dejaríamos volar sus esqueletitos por un cielo azul gracias a los vientos abrazadores que pegan fuerte en el verano de mi sierra. Mi cometa era verde, pero mis manos eran inútiles para dominarla y decidí que mi primo Cali, quien era ya un adulto debía mostrarme cómo hacerla volar, así que fui a sentarme al lado de mi madre para ver como él la levantaba del césped y la colocaba sobre la montaña.

Fui una observadora una vez más, no volví a tocar la cometa durante esa tarde, no quise y fue un desprendimiento feliz, sentada al lado de mi madre la vi libre con  su papel crepé verde limón en el cielo andino, su piola  extendida hasta lo que daba el precio de la tiendita del pueblo. Mi madre con sus brazos fuertes sacó comida, preparaba todo como magia, las papas se hacían sopas, los panes se hacían sánduches y cosas que a mí siempre me parecieron incomprensibles, creaciones de otro mundo.

Con los estómagos llenos y las cometas aún en el cielo mi mamá sacó unas latitas, creo que fue la primera vez que las veía y en correspondencia con lo rudimentario del viaje,  con piedra y cuchillo en mano ella abrió la primera lata y me la dio. No recuerdo que me haya dado una instrucción, yo sólo supe que había que usar el dedo índice, meterlo en ese líquido espeso y llevárselo finalmente a la boca. Era dulce, dulce, era algo así como lo mejor de la vida, se llamaba leche condensada.

Las latas desaparecieron en los dedos de los tíos, los primos, los abuelos, esa familia que la vida me ha dado tan pegada a los azúcares, que apenas sale uno al escenario lo devoramos, como aferrándonos a vivir, sobreponiéndonos de las visitas que nos ha hecho la muerte. Una latita rodó por el césped y sin que nadie me viera la llevé hasta mi bolsillo, luego la llevé de regreso hasta el carro grande de mi tío Hugo donde uno se podía acostar para soñar en cometas hechas de latitas y verdes condensados.

Imagen: "Summer daydream"- Jodi Perry

martes, 17 de septiembre de 2013

cuando se acabó el verano


Hoy hace 31 años  se acabó el verano, como se acaba hoy en Paris, se acabó el verano en la calle Falconí. El papá se fue al trabajo, unos habían ido al cine con la mamá, otros a sus trabajos de vacaciones, la hermana mayor con la chiquita en brazos, era un día como otros, como esos que no pretenden ser imborrables, pero este 17 de septiembre se quedó, se quedó en la memoria, en el vacío, tú ya no estabas y nosotros ya no estábamos contigo. El cuerpo nos atrapa y tu cuerpo se quedó atrapado en el humo,  nosotros te perdimos, sólo quedó tu cuerpo.

El verano se acabó, pero el verano siempre vuelve. Sé que algo de tí hará que siempre, siempre, vuelva el verano.

Buenas noches.

jueves, 29 de agosto de 2013

Mi niña Lola

Cántame esa canción hoy, cántala en mis sueños, en el aire, en el cielo, ese que me inventaron para darte un lugar.
Dime que ya no tengo la carita del color de la amapola, tómame de los hombros y abrázame fuerte.
Dime que me miras, que soy tu niña bonita, que rezas por mí porque tú sí sabes cómo creer en dios.
Pídeme que te diga lo que me pasa, lo que me sucede y júrame que mientras vivas no estoy sola.
Cántame para que no sienta tanto, cántame y vámonos a ser felices.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Hotel Concorde La Fayette


Hoy me quedé maravillada por la intermitencia de la luz de esa habitación de hotel.
Imaginé los motivos de su apagar y prenderse de forma tan errática
Y mi mente tan freudiana como todas las demás, no pudo evitar imaginar a esa pareja que se ama de la manera más brutal, como si el mundo no existiera, sólo ellos, sólo esta noche

Y voy inventando historias que vienen todos los días desde esas ventanas de hotel que tal vez también me miran

Y ellos no son sólo huéspedes de esta ciudad, de ese hotel, son mis huéspedes también, que prenden y apagan luces en mi memoria, que habitan y deshabitan el decorado de mi ventana

A veces entro al hotel, pretendo también estar de paso, pero me encuentro con el pianista del lobby y no podemos hacer más que reconocernos
Él me mira y me sonríe lleno de arrugas, somos él y yo los anfitriones de esta escena

Yo camino con mi paso apurado que llegó hasta aquí
Pretendo ser elegante y que mis piernas se vean más largas en el mármol abrillantado tantas veces para que el lujo sobreviva a pesar de todas las huellas

Yo camino, salgo del hotel, llego a la casa y en mi ventana están todas sus ventanas otra vez, otra tarde, otra noche, se vuelven a prender las luces, yo apago las mías y vuelvo a los brazos de los amantes que imagino.


martes, 14 de mayo de 2013

A Enrique




Ese niño que corría entre la tierra del frío
Se escondía bajo el anaco de las indias para no tomar el fúsil
Ese niño con madres inventadas
¿Cuántos amaneceres viste desde tus tierras despojadas?
¿Cuándo decidiste que el poncho era tu fina estampa?
¿Cuándo supiste que la Julia era tu mujer?

¿Cuántas veces la Julia te rompió la paciencia y para repensar la vida te fuiste al leer el periódico en el baño, con la puerta abierta?

Y el Land Rover con nietos? Dónde lo dejaste? Cuándo me llevarás de paseo?

Y esos lugares  que decías se disfrutaban más porque no eran tuyos? Dónde están?

Y tus ojos, y tus manos?

Y tu hija, mi madre, y nosotros carilargos y sin pómulos, y nosotros sin destino, dónde vamos a llegar?

Enrique, despierta, Enrique, te llama tu nieta
Enrique, algo de tí soy yo

Algo de tí, 
Frente a tu pijama de madera mi madre vuelve a ser fértil
Y en los besos de mi padre tú vuelves a nacer en mí

No soy el abuelo, no soy el padre
No sé quién soy, pero quiero tu poncho en mis hombros, tu vida sin cosas, sólo vida, llena de vida. 

Enrique, despierta, Enrique duerme
que te acuna tu nieta





lunes, 29 de abril de 2013

cosas perdidas

Desde hace un mes uso delineador líquido en el párpado superior de mis ojos
He perdido la lozanía de la mirada
Desde hace un mes tengo el pelo casi igual de largo como cuando tenía 15 años
He perdido la valentía para cortarme el pelo
Desde hace 10 meses uso el metro de Paris
He perdido mis pies de niña mimada
Y a las pérdidas se suman los encuentros en el metro, unos inolvidables, otros fugaces como el pan del desayuno

Hoy llevaba mis tacos, mis ojos delineados y no hubo mirada que me emocionara más que la de una niña
Zapatos plateados y un tutú  blanco, de la mano de su padre extranjero
Ella entró y me regaló una sonrisa de inmediato
Yo no hice más que sentirme halagada y le devolví la sonrisa, la que había guardado durante todo el día entre el apuro y las veredas

En sus manos que habían dejado de ser recién nacidas hace ya algunos años la niña llevaba un pañuelo que hacía pasear entre sus dedos
El recorrido era seguido de cerca por sus ojos árabes y cuando el juego se detenía me volvía a mirar, me volvía a sonreír

Sólo podía estar feliz ante semejante alegría de ver su alegría
Sólo podía devolver todas las sonrisas que quise dar hoy y no pude
Sólo la miraba queriendo entender cómo saca tanta felicidad
y el pañuelo se detuvo otra vez, pero la mirada esta vez no volvió a mí,
se quedó detenida en el pañuelo abierto que contenía un diente muerto.

Ella me sonreía para mostrarme la felicidad que le había dejado su pérdida.

Y yo invoco nuevamente al encanto de la pérdida, ese que que se alegra de tu paso por mi vida y no se aferra a ninguna encía.